jueves, 22 de septiembre de 2016

LA DESIGUALDAD VITAL (II)

A nadie se le escapa que Roma se desmoronó por causa de la desigualdad vital, enorme brecha social entre sus habitantes: una clase dominante, poderosa, minoritaria, privilegiada e insaciable, sin miramiento alguno, con escaso coste y desde su distante atalaya, contemplaba a sus esclavos, a la plebe y a los muertos de hambre que, por mucho que lo intentasen, no conseguían desengancharse de la pobreza. En el culmen de nuestra historia los Reyes Católicos trataron con sus políticas de igualar a sus súbditos en una sola religión, en un solo territorio, pero se equivocaron olvidando que ni lo uno ni lo otro, por relevante que sean, son lo principal; si lo fue el acusado expolio material que realizaron la nobleza y la religión católica al pueblo llano y a otras creencias para sumir a la mayoría de los habitantes de las Españas en los pobres analfabetos de siempre. La Transición en España no hubiera sido igual de no haberse instalado la clase media económica  a finales de la vida de Franco, pese a que este enano golpista y cruel dictador mantuviera al pueblo doblegado a su voluntad en beneficio de unos pocos: su familia y sus muy allegados. Y es que el temor al castigo, que su omnímoda dictadura infundía, aminoraba las estafas de entonces (menos que la infinidad de entramados mafiosos consentidos de ahora) e implementó medidas y servicios sociales importantes, con salarios dignos que permitían vivir a la gente, a pesar de su economía estatal, monopolista y dirigida, aunque nunca, lógicamente, lograra congraciarse con la mayoría trabajadora.

Hoy la economía en general, competitiva y privada, de estrategias y perspectivas, de consumo y escaparate, al albur de mercados y empresas libres, se agolpa en un sistema capitalista que nos lleva, merced a la codicia y el ánimo de lucro que la inspira, a los extremos de abundancia del logrero y a la escasez del necesitado, cuyas diferencias progresan hasta que nos hagan desaparecer. Una economía a la que poco importa el sudor, el color de la piel o la libertad de sus actores; la delincuencia o la bondad con que se realizan sus operaciones; el lugar desde donde las hagan o la forma con la que hayan obtenido sus recursos. Una economía basada en el juego y la apuesta, en la oportunidad  y el engaño. Un sistema, en definitiva, que no tiene en cuenta al hombre, a la persona física de carne y hueso capaz de sentir miedo y placer, y sí, a la persona jurídica, al ente que ni siente ni padece como el propio Sistema.

Abogo por su innovación para que la economía capitalista actual cambie formando dos ramas por las que hacer pasar la savia que la limpie, regenere y distinga la desigualdad vital entre lo comercial y lo especulativo, entre el interés público y el privado, entre la persona física y la jurídica. Es decir, ni lo uno ni lo otro, tomado parte de ambos componentes (nunca antagónico, siempre trasversal) en beneficio de la mayoría y que a nadie perjudique u oprima.

Será el modelo social de nuestro mejor existir, que es realmente lo que importa, donde el bienestar material nos permita aunar los sistemas educativos y legales de convivencia, al margen de patrias, soberanías, nacionalismos, identidades, independencias y políticas que nos enfrenten, dando por sabido que el derecho a decidir no es colectivo, ni sobre parte alguna, sino individual y sobre todo el mundo; que podamos gritar: La Tierra me pertenece y reclamo el derecho a decidir sobre ella. 

Un marco internacional al que hemos de aspirar atraídos por la democracia y el bien común.


En esa dirección camina mi pensamiento e imaginación que transcribo en mis escritos (novelas y medios digitales). Será necesario contrastar con cada uno de los habitantes del planeta para que su mayoría dé repuesta a: ¿En la desigualdad vital se puede vivir? ¿Existirá entonces la vida? 

jueves, 15 de septiembre de 2016

LA DESIGUALDAD VITAL (I)

El desplome de imperios, países, pueblos y grupos es originado por las abismales diferencias entre la codicia de los poderosos y la pobreza de los menesterosos que los componen. Razón que podremos comprender a la hora de analizar la caída de civilizaciones y culturas o el estallido de las guerras y revoluciones o el proceso regresivo de comunidades y consorcios.
Actualmente, pese al transcurso del tiempo con modos y actores distintos, sucede lo mismo. Hoy, existen sistemas económicos más sofisticados, pero el fondo de la cuestión tanto no ha cambiado y el hombre continua moviéndose con los mismos instintos y similares  necesidades para vivir (comida, educación, cobijo, salud, justicia, libertad) por lo que la desigualdad vital  apuntada no es baladí; sin embargo, las oportunidades que se presentan no son ni parecidas  para todos: ni en el tratamiento de la enfermedad, ni en la educación que se imparte, ni siquiera ante la ley somos iguales. Hoy, más que nunca, a nadie se le escapa que, ignorando o modificando las leyes para ponerlas a su servicio, los abusos de la clase poderosa se suceden sin que por ello sean castigados y, con semejante comportamiento, llevan a la gente a situaciones de indignación, rebeldía, enfrentamiento o desesperación, y el mundo hierve en tales escenarios como una locomotora a punto de estallar y, a menudo, revienta en algún punto concreto. Europa de disconformidades está llena y España no es una excepción.
 Europa debe encontrar el equilibrio social que le falta, consecuencia de su economía injusta e insolidaria. Injusta con sus ciudadanos no reduciendo las amplias distancias  o desigualdad vital que los separan y comprobando como la clase dirigente (los políticos) lo permiten. Éstos, pese a que digan lo contrario, forman parte de los poderosos con sus innumerables privilegios y escasas responsabilidades. Insolidaria con los emigrantes, los perseguidos, los que huyen del hambre y la guerra, a los que no se les busca un sitio donde rehacer su vida. (Australia fue el exilio sin retorno que emplearon los ingleses para castigar a sus… vergüenzas). Seguro que existe ese lugar posible donde con trabajo y esfuerzo de refugiados y emigrantes, con el mando  y dinero de Europa y con las perspectivas de negocio en general, se resolverían la infinidad de problemas que plantean y preocupan.
España ha conseguido el mayor grado de corrupción jamás conocido, así como las más altas tasas de paro, pobreza infantil y diferencia social. Por si fuera poco, el problema territorial de Cataluña se ha enquistado y todo ello, sin duda, consecuencia de un sistema desigual que nos domina: más avaricia, más pobreza.

Este es el punto clave, citado al principio: la desigualdad vital. Y España, con su famosa Transición e incipiente democracia dio comienzo a una divergencia paulatina, lenta y efectiva  que debemos reformar. No es posible que los niños aprendan en las escuelas cosas distintas o  las enseñanzas que se les imparten provoquen conductas extrañas u opuestas, inciten al odio o al desprecio de sus semejantes y no les motive a pensar o decidir. No es de recibo que la sanidad no esté unificada y cada español sea un emigrante fuera de su región. Carece de sentido renunciar a la rentabilidad, no reducir gastos e incrementar ingresos en beneficio de todos, por no unificar, centralizar o compartir administraciones, compras, servicios, criterios o modelos: el tiempo transcurrido desde que las autonomías se impusieron habrá, me imagino, proporcionado elementos de juicio al respecto. La desigualdad vital (como la denomino) es materia tan esencial, que no se ha de relativizar procurando la igualdad y el encuentro en cualquier orden, a fin de evitar peligros sociales que a nadie, y menos al pueblo llano, interesa.

jueves, 8 de septiembre de 2016

LA VIGILIA DEL DINERO Y EL PODER

Hoy, más que nunca, he recorrido durante mi reparador sueño parte de la picaresca española  recomendado a jóvenes desempleados que se dediquen al noble trabajo de la política. Mi subconsciente ufano alababa lo poco que para ello importa el esfuerzo, el nivel de estudios o la vocación que se tenga por servir a los demás; basta con acostumbrarse a tragar sapos y culebras; a practicar la calumnia, el engaño, la estafa sin que se detecte haciendo propia la ironía, la gracia o la mofa si a uno le fallan o se queda sin argumentos; a conseguir dinero a cualquier precio en campañas electorales a fin de ser conocido y mantener vivo su nombre, sin que su popularidad y la de su partido decrezcan. Tendrá después que ser fiel pagando los favores recibidos, por mucho que exijan los que le ayudaron, elegir y  acertar en la afiliación al partido político que lidera, pone en práctica y acumula sus acciones con semejantes menesteres.

El Sueño, hermano de la Muerte, convino conmigo en lo nada desdeñable que será implementar tales destrezas con una buena formación que contenga y facilite un excelente don de gentes, una licenciatura, un pico de oro, un carisma de líder capaz de decir a la gente lo que quieren oír llenándose la boca de patriotismo, honradez, transparencia y de lo bien que hace las cosas augurándoles, por supuesto, el eximio futuro que les aguarda si por ellos es elegido. Ningún diputado o senador de las Cortes de España percibirá menos de 6000 euros al mes, entre dimes y diretes, y el joven opositor al aprendizaje expuesto, encontrará el trabajo que la sociedad le niega, llegando a ser, tal vez, un insustituible político del mundo  mundial.  Por rematar con los consejos vertidos en mi modorra no quiero pasar por alto la total disposición que, cualquier alumno aventajado, ha de perfeccionar a fin de distinguirse entre los suyos: hacer la pelota al cabecilla sin pasarse, como un trepa sencillo pero audaz, guardando la estabilidad adecuada, la lisonja correcta, no sea que al agasajado caiga en desgracia y con él se desmorone; por consiguiente, no es nada baladí procurarse un mordaz y buen equipo de camaleón que despiste y conduzca al error a los envidiosos.

En otra fase de mi somnolencia, el Sueño, hermano de la Muerte, me asustó convirtiéndome en el principal jefe de la banda y no me gustó ser el mismo Rajoy, que gritaba:

“Defraudadores, amigos de los Papeles de Panamá, que lucháis cuerpo a cuerpo, de ninguna manera os repleguéis de la disputa en este aprieto. Salvad el dinero negro y no consintáis que el Estado miserable os lo despoje. Sed fuertes para que cunda el ejemplo de Soria y no hagan con vosotros igual justicia que con Luis El cabrón. Y aunque el Estado mezquino os doblegue, al menos, no capture sin esfuerzo la pasta que mantenemos escondida en los Paraísos fiscales”.

“¡Sed hombres, amigos, y recordad vuestro impetuoso coraje! La suprema gloria os aguarda rehusando auxiliar a los pobres. ¿No es una ignominia para quien defiende su patria que se le persiga? Que la familia, los negocios y los patrimonios incólumes queden a salvo sin que el fisco, regido por un Estado insaciable, se atreva a meterles mano. Para nosotros no ha de haber un plan mejor que este: trabaje nuestro dinero a través de testaferros, sociedades interpuestas, negocios pantallas, aunque nosotros tengamos que sufrir ocultos como fantasmas en pena. Más vale ganar la vida de una sola vez  o perecer siendo ricos, que dejarnos exprimir por más tiempo, de manera inútil, por un Estado implacable con el delito”.

“¡Amigos, sed hombres y tened vergüenza en vuestro ánimo! Teneos respeto mutuo en las esforzadas batallas: de los que se respetan, más se salvan que sufren la muerte; y de los que huyen ni se alza la gloria ni ningún auxilio”.

“¡Amigos, sed hombres e infundid en vuestro ánimo vergüenza de unos por otros! Acordaos de vuestra familia, negocios y posesiones que con la muerte perderéis”.

“¡Sed hombres, amigos, y recordad vuestro impetuoso coraje! ¿Quién os protegerá del Estado malvado cuyo daño con vosotros comete? Lejos de la Patria donde volver a traer el dinero sin más apoyo que vuestras manos y el mal”.

Reconozco haber leído, antes de dormir, trozos de la Ilíada de Homero y caer exhausto con el hartazgo político de la televisión, que quedó encendida; de ahí, sin duda, las efímeras  exhortaciones de mi alucinación que, además, se encaró conmigo para ofrecerme un plan trasversal en beneficio de la gente. “Ni de derechas ni de izquierdas”, dijo. “Sencillamente para que las personas, unos y otros,  maten la codicia y la pobreza que los atenaza: incapaces  e ineptos de salir de los extremos en los que se hallan como si fueran poseedores de la verdad”.


En la vigilia, al despertar, recordé aquello de que el Imperio no paga a traidores, pero entretanto, llena la boca de billetes a gentes como las que he citado, a periodistas como Cebrían, a ex presidentes como González y a tantos meapilas que ya no sigo porque me defraudaron. Algunos olvidaron la honradez y el coraje que es lo más noble que tiene el ser humano.

jueves, 1 de septiembre de 2016

EL DEBATE DE INVESTIDURA

-         - Pepe, Pepee. La suegra  ha muerto. –Gritó Juan desde un cuarto piso a su cuñado, que vivía en el bajo. Pepe, gesticulando no haber oído, voceó a Juan hacía arriba:
-              - No lo siento.
-              - ¡Coño! Ni yo tampoco  –respondió Juan- pero habrá que enterrarla.
En España también hay cosas que enterrar, nos gusten o no, pero con la inactividad nunca iremos de entierro. Los problemas y sus efluvios se agrandan y la indolencia no los resuelve.

Ayer, viendo los debates de la investidura y pensando en la pasividad de Rajoy, me vino a la memoria el chiste que antecede. Relacioné los discursos nacionalistas con la primera de las guerras mundiales que la Ilíada describe y copie una de sus frases, que dice: “Sanemos cuanto antes el mal. Pronto haréis que se agrave con la actual dejadez”. Así que, aquí, sin dioses ni semidioses, sin absolutos reyes ni infinidad de pueblos, nos aferrarnos a la ley (que con Rajoy comparto, pero puede enmendarse) o retrocedamos hacía aquellos tiempos de Troya (a los que a mí no me gustaría volver). Discurrí que prefiero una separación de nuestros pueblos contraviniendo o no la ley (y bien que lo lamentaría) antes que sacrificar la democracia en la que todos los pueblos podemos ser uno y llamarnos, por ejemplo, Europa. Amo mi lugar de nacimiento (pueblo, región, país) en el que hoy, por fortuna, impera la libertad y poco, o más bien nada, me importa ceder soberanía a quien nos gobierne con democracia, justicia y equidad, pues bien sabemos los ciudadanos que patria,  independencia, soberanía no son sino palabras que los dirigentes aprovechan en su propio beneficio. Deseo, más pronto que tarde, nos inculquen el fervor y el orgulloso de ser europeos.
  
Me encantó escuchar los debates de ayer. La libertad con que cada uno de los intervinientes se expresaba. El respeto, el orden, la conducta con la que se manifestaron. Ideas, puntos de vista, interpretaciones o perspectivas diferentes. Claridad, vehemencia, palabras y gestos posibles para entenderse pacifica y honradamente. Alabé la democracia en mi fuero interno y sentí vergüenza ajena de aquellos “padres de la patria o diputados” que, a través de la escuela, domesticaron mi juventud con su democracia orgánica, con su dictadura, con su terror y su tiranía. Nunca les perdonaré el miedo que me impregnaron con su religión y espíritu nacional. Su suciedad, su corrupción, sus malas artes amputaron el vigor supremo de mi mocedad.

Entonces, ante la muerte del enano asesino y golpista, el dictador de Franco, cundió el temor de la ingobernabilidad del pueblo español. Tanto se repitió, que muchos llegamos a creérnoslo, al igual que ahora sucede tornando en verdad tantas y tan descaradas mentiras que se airean y numerosas personas las creen a pie juntillas, sin siquiera cuestionarlo. Falla la verdad y, en su sustitución, con sus argumentos, invocan al chantaje y al miedo, tratando de ser creíbles.

Ayer comprendí las mentiras de Rajoy auto-complaciéndose con su gestión,  protegiéndose de los ataques que recibía e, incluso,  justificándose de no ser el culpable de las segundas elecciones, llegando a decir que nadie le pidió que se abstuviera en la investidura de Sánchez (nunca nadie sabe nada y menos cuando sus intereses están por encima de los demás) a lo que Rivera le recordó los escritos que le habían cursado. Y es que la mentira es una defensa; una humana protección con las patitas cortas, si bien, para cuando se descubre, tal vez, sea tarde para actuar. Por tanto, con mentiras tan flagrantes, los políticos deberían tener su castigo y además no ser votados.


Son, pues, los razonamientos de unos y otros los que perturbaron mi ánimo, aunque ello no me desaliente, ya que mi fuero interno está satisfecho con la democracia que en hemiciclo se respiró (aunque fuera “de baja intensidad”) para redactar lo que acabo de escribir. Otro día hablaremos del delito que representa el dinero negro (un 30% de nuestra economía) del que nadie habló.  

sábado, 20 de agosto de 2016

MALES ENDÉMICOS A VENCER

Nada es tan potente y preocupante que la guerra. En ella mueren millones de personas y otras tantas quedan sin hogar, sin voz, olvidadas de toda justicia.
La guerra es la primera fuerza bruta, la más dañina y cruel. Se adultera de muy diferentes formas para inventarla, para justificarla, alegando, especialmente, que es para mantener la paz (la paz de los muertos, sin duda) mientras fabrican infinidad de armas que han de consumirse. Una falacia criminal de quienes la incitan, ya que a nadie se le escapa que el uso de la violencia genera más violencia y su exterminio se logra con que el nulo interés por lo material, elevando el valor de la educación en pro del respeto hacia los demás y sus diferencias ideológicas, así como la libertad y democracia de los pueblos, una vez sus necesidades básicas están cubiertas.

Existen, no obstante, fuerzas tan dañinas como la indicada, que apenas si reparamos en ellas.

Dependemos de los bancos, especialmente los privados, que crean dinero de la nada. Tal privatización es la causa principal de la ignorancia, la pobreza, la discriminación social,… ya que con ello, sin más motivación que su propio interés, mandan en el mundo dirigiendo a gobernantes, especuladores, contrabandistas… solidificando su poder. Éste, tal vez, sea incluso superior al que sustentan las religiones que se basan en las obscenas e invisibles mercancías del oscurantismo y el miedo, provocando odios y rivalidades entre la gente y los pueblos.

La banca debería limitarse a prestar solamente los fondos depositados y que sea el Estado el único ente con facultades para poder emitir dinero. El dinero físico debería ser anulado (salvo las monedas en circulación) para que toda transacción, por delictiva que sea, deje huellas a su paso. Hoy en día, cualquier Donan Trump, cualquier Soros o Rothschild, por obra y gracia del dios Dinero, del que emana su poder, puede convertir en chatarra el mundo económico y fantástico en el que nos movemos, originando determinadas crisis que excite malignos destrozos y el hombre indemne acuse su fragilidad.

Son, por tanto, las crisis, otros de los males endémicos a combatir, que tan sólo pueden vencerse deteniendo la codicia que nos arrastra a la inseguridad o al afán por lograr cosas que carecemos. La avaricia con nada puede ser justificada, salvo con el infierno interior a que la misma nos somete, imputable a no considerar que todo es relativo, sustituible y nada certero. Nos movemos en la incertidumbre sin pararnos a pensar que la muerte nos llega volando y que nada es tan gratificante como pasar, la escasa o larga vida que tengamos, en bienestar.

Deberemos, por consiguiente, achatar los extremos materiales de riqueza que nos separan, permitiendo una renta digna a quienes se esfuerzan por conseguirla y limitando aquéllas que, aun siendo ganadas con sacrificio y trabajo o por circunstancias distintas a las primeras, apenas si erosionan su merecida fortuna, así como tampoco, a los principios fundamentales que nos hemos dado para coexistir: la vida, la libertad y la propiedad privada, mientras uno viva.


Hagamos una lista de cosas positivas y arruguemos el negativo espíritu de las cosas corrosivas y peligrosas para la vida. Olvidémonos de calificativos o típicos encasillamientos que nos inmovilizan y crean prejuicios. Dejémonos llevar por los sentimientos de solidaridad sabiéndonos todos humanos. Hablemos impecablemente. No supongamos. Y, sin que nos afecte lo que hagan o digan los demás, que no podemos evitar, hagamos lo máximo posible para obtener lo que el corazón nos dicta. 

lunes, 8 de agosto de 2016

NI RAJOY, NI EL PP, NI NADIE ES IMPRESCINDIBLE

¿Es lógico que el Partido Popular (compañía anónima súper conocida) se prepare con la mayor de sus fuerzas para que Rajoy sea investido presidente del Gobierno de España?  Desde ese cargo se puede ejercer una influencia más substantiva y superior para sus intereses. Otra consideración, por mucho que traten de hacérnosla creer, no es cierta. Alegar, como dicen, por el bien de España, es pura falacia; ya tuvieron oportunidad de demostrarlo absteniéndose en la investidura de Sánchez  (Rajoy ni se presentó) y no lo hicieron; primó su interés al de España. Sólo les importa seguir mangoneando en su propio beneficio. Algo poco original en nuestra querida España.
El partido político aludido, fundado por Fraga (heredero y seguidor del franquismo) con el nombre de Alianza Popular, comenzó actuando no sólo con la finalidad empresarial de ánimo de lucro, sino además, como a  cualquiera de ellas le gustaría funcionar: obtener ganancias, directas o indirectas, y repartirlas entre sus socios, amigos y allegados sin obligación ni precepto alguno que declarar. Es decir, se dispuso, sin responsabilidad ni control, de una maquinaria bien engrasada que juega con trampa, manteniendo una contabilidad fantástica con ingresos y gastos ocultos, beneficios fiscales, acceso a información privilegiada, exenta de competencia  y, sobre todo, con la posibilidad de considerarse impune de representar un poder capaz de cambiar la legislación en su provecho, influir en personas y cosas hasta el extremo, si es preciso, de provocar la más absoluta de las crueldades como la guerra. Un partido político concebido para vaciar arcas públicas y privadas legalmente, a mucha distancia de las asociaciones sin ánimo de lucro, las Fundaciones, las ONGs y casi tan opacas como las mafias, sectas o religiones.
A la gente, principalmente, le mueven los poderosos que disponen de medios para serlo. Y el poder, por lo general, está en el Estado, en las empresas y entes con dinero que publicitan sus idearios, en su propio beneficio. El voto, queramos o no, es una decisión que, aunque sagrada, respetable y legítima, es poco reflexiva, albergado en la domesticación de cada cual, en una determinada situación, en una idea preconcebida o, también, emitido al calor de unos últimos acontecimientos, de unos miedos o vehemencias dirigidas e impregnadas, de la descabellada actitud que la resignación provoca. Muchas mayorías (todas) la eligen el pueblo, pese a que la  minoría advierta de su corrupción. En Marbella floreció, por ejemplo, el G.I.L. de abyecto recuerdo.
La gente esto lo sabe y su pensamiento es acomodadizo, acoplándolo a su buena, regular o mala realidad, para mantenerse cautos con lo malo conocido, ya que el cambio o la innovación los descoloca. Una convocatoria a manifestarse públicamente contra un asunto, partido político, sindicato…, por mucho que haya sido criticado, no llena calles o plazas como lo hacen la caza de un pokémon, el recibimiento de un artista, de un deportista, entre otras cosas, porque la gente, en general, teme que sea peor el remedio que la enfermedad y está acostumbrada a la picaresca, al político que no suelta el sillón ni con agua hirviendo que le echen,  a que le den gato por liebre, a buscar padrinos para casarse, a la escasa solidaridad que lo invoca a un sálvese quien pueda…  a la falta de compromiso o nula responsabilidad social.

¿Para cuándo querrá la gente que en España se imponga la Honorabilidad, la Transparencia, la Rentabilidad? Exijámoslas para cada uno de los actos que se hagan, aun cuando de nada servirá si los medios no se anticipan: anular el dinero físico, limitar las rentas, los plazos y los cargos, dar ocupación a todo el mundo a cambio de una renta digna, potenciar las empresas, regular herencias, procurar a todo el mundo una vida digna, estimular el valor del esfuerzo, la igualdad de oportunidades, la libertad, el respeto, la cultura… Del pueblo depende

jueves, 28 de julio de 2016

PEQUEÑAS COSAS

. Si alguien supiera o estuviera seguro que después de la muerte encontraría otra vida mejor, poca gente poblaría este mundo cruel en el que vivimos. Tal certeza no anida ni en la razón ni en el espíritu de los hombres. ¡Pero, no! Es la necesidad, la locura, el desastre, la ignorancia de muchos de ellos lo que les conduce a ser víctimas de un suicidio al encuentro de la nada. Tal vez, se inmolen  inducidos por un poderoso elixir de lavado de cerebro que les haga creer en un paraíso dorado, les rindan honores y fama u otras causas; sin embargo, no me cabe duda, que el pensamiento del terrorista goza de la certeza que, con su heroicidad, abandona una miserable vida, indeseable para él y los suyos, en la confianza de que éstos gozarán de recursos que nunca tendrían sin su muerte.
. ¿Quién se resiste a dar parte de un siniestro que pueda reportarle alguna ganancia, aun engañando con ello, cuando la compañía aseguradora se jacta de cuantiosos beneficios que reparte entre sus directivos y accionistas?
. Por la mente del Enano cruel ni siquiera pasó la posibilidad de dar un golpe de Estado. Esperó acontecimientos, sordo, mudo y ciego, aunque varios meses antes de que se produjera, cabezas pensantes ya lo estaban sopesando. Aprovecharon un vil asesinato político en unas circunstancias difíciles para justificarlo. Y resultó decisivo con la ayuda del Altísimo. Una cruzada cruenta como no podría ser de otra manera (¿acaso conocen a algún representante seguidor de un Dios que no mate en su nombre o por su causa?) mientras, el Enano cruel se pensaba su decisión definitiva sin ni siquiera mover un dedo. Y dio en el clavo emparedando a todos sus enemigos hasta que, en paz, a ritmo del himno nacional y bajo palio, murió en su cama, agasajado de honores y fieles suicidas.   
. ¿Quién no vulnera el pago social, privando de pensión al trabajador a su cargo, mientras reivindica el cambio del injusto Sistema que lo permite? Para él no quiere lo que practica y puede que muchos en ello estén de acuerdo, pero, de ninguna manera, cuando siendo político ha de dar ejemplo. Es más, debería mostrar rebeldía no pagándolo y haciéndolo saber a la gente, públicamente, hasta el extremo, si es preciso, de ir por ello a la cárcel. Ganaría estima, sería creíble y honrado defensor de una causa, mientras ahora yace en las profundidades vulgares de una estafa de escaso recorrido, pero estafa al fin de cuentas.
. Tantos santos y vírgenes de nuestra religión católica, apostólica y romana, patrones, especialistas, protectores… a los que la gente se encomienda, son hermanos gemelos de infinidad de dioses y semidioses que nos narra la Ilíada o la Odisea. Magníficos cuentos de nuestro oriente que se multiplicaron y multiplican por todos los lares de nuestro mundo, galopando sobre los anchos lomos del miedo y la superstición de las almas nobles que callan en detrimento de los que, con ellos, hacen negocios. Cuentos bíblicos, sagrados, de epopeya, de otras épocas que nos condicionan sobremanera. “… Rechinaron las puertas del cielo, custodiadas por las Horas a quien está encomendado el elevado cielo y el Olímpo…” “Nada se crea o se destruye, si no se transforma.”

. ¿Quién no ha visto a gente indigente aguardando en cola un poco de comida? ¿No supone una tristeza contemplarlo? Esto es una de las tantas desigualdades que el sistema capitalista origina y que es fácil de erradicar proporcionando trabajo y conocimiento a quienes carecen de ellos. Pero el Estado mira hacía otra parte y abandona al desdichado o, bien, deja que la iniciativa privada se ocupe de tales menesteres: Ya las oficinas de Al Capone lo hacían.